Blog de ostippobiblioteca

Alberto Pérez Luque

La sinfonía del universo, por Alberto Pérez Luque

Escrito por ostippobiblioteca 03-06-2017 en Creatividad literaria. Comentarios (0)

La sinfonía del universo
Sonaba una dulce melodía, la misma de siempre. Mientras paseaba por la calle me estremecía ante tan hermosa obra que escuchaban mis oídos, pero la tranquilidad pronto se rompió. Un accidente de coche que hizo parar la música. No pude ver la cara del conductor accidentado, pero notaba una extraña sensación de peligro. Empecé a sentirme nervioso. Desperté sobresaltado entre sábanas, un rayo de luz que entraba por la ventana hizo que me percatara de la hora. Las diez de la mañana y tres llamadas perdidas de Sonia, olvidé la cita con el represéntate de la discográfica. Inmediatamente me vestí y de camino a la cafetería pensaba la excusa que le daría a Sonia. Ella estaba sentada mirándome fijamente al entrar en aquel lugar con olor a café y dulces. Lo que me tenía que contar era más grave de lo que me esperaba, había perdido el contrato con la discográfica. Necesitaba algo nuevo e innovador para que me volvieran a contratar. Sonia, además de mi compañera, es mi manager. Compongo melodías de cualquier tipo. Le he contado muchas veces el sueño que llevo teniendo durante estos últimos meses y me ha dicho que lo único que hago es perder el tiempo, dice que es imposible componer una melodía escuchada en un sueño. Quizás tiene razón, pero desde que la escuché por primera vez empecé a obsesionarme con ella, tanto que dejé de lado mi trabajo, y de ahí que me encuentre en esta situación.
- Julián, estoy cansada de tus promesas. Si nos comprometemos a hacer un buen trabajo no puedes dejarlo de lado. Sería mejor que te tomaras unos días libres y que te replantearas lo que realmente te importa. Cuando estés seguro de tu decisión avísame- y con esto Sonia se levantó enfadada y se fue.
Está cansada de dar la cara por mí y que la deje tirada, espero que se le pase. Necesito conseguir esa melodía, ya es un reto personal. Por otro lado, necesito los contratos. Tendré que decidir.
Me fui de camino a la universidad, pensativo. Hoy voy a ver a mi chica en acción. Julia exponía los avances acerca de su investigación en la facultad de física. Esta mañana se marchó muy temprano, el día anterior me comentó lo ilusionada que estaba. Seguro que la presencia de su novio la tranquilizaría, o por el contrario se pondría más nerviosa. Por ese motivo no le dije nada. Llevo con Julia cerca de un año y no me perdonaría que le ocurriese algo malo. De repente, el teléfono empezó a sonar:
- Buenas, le llamo del hospital. ¿Hablo con el señor Julián? – preguntaba la voz ronca y cansada, probablemente de una enfermera de guardia.
- Sí, ¿en qué le puedo ayudar? – contesté intrigado por lo que me pudiera decir.
- Por favor, venga al hospital rápidamente. Julia ha tenido un accidente de coche y ha caído en coma.
-¡¿cómo?! Voy inmediatamente.- Colgué el teléfono con una angustia que empezaba a crecer por momentos. ¿Cómo va a ser eso posible?
Al entrar al hospital estaba preso de un ataque de nervios, me habían dicho el número de su habitación pero estaba tan nervioso que no la podía encontrar. Me detuve un instante, respiré hondo y me centré en encontrarla, lo conseguí. Un médico observaba unos documentos cuando entre por la puerta.
- Doctor, ¿cómo se encuentra?
-Todavía es pronto para saberlo, tendrá que estar algunos días en observación para ver como evoluciona. Desde que llegó está inconsciente, aunque no tiene ninguna herida grave. Bueno, le dejo solo. Hemos avisado a su familia más cercana, pero solo usted ha podido venir. Si necesitara cualquier cosa llámeme.- El médico abandonó la sala.
Realicé las llamadas pertinentes a su familia y a la universidad informando de lo acontecido. Me senté en la incómoda silla que había junto a la cama, admirando la belleza de Julia. Pasaré el día entero aquí, me dije a la vez tratando de tranquilizarme. Mientras miraba a Julia en su cama empecé a dar cabezadas en la silla hasta que me quedé dormido. Tantas sensaciones juntas y el dolor de cabeza pudieron conmigo. Sonaba una dulce melodía, la misma de siempre. Parecía el mismo sueño, pero sin embargo algo cambiaba. En este me dirijo hacia el accidente que ya ha sucedido. Es como si algo que bloqueaba el sueño hubiera desaparecido. Al acercarme y ver que se trataba de Julia un escalofrío me recorrió el cuerpo. Desperté. Estaba anocheciendo. Dando vueltas en la habitación encontré su bolso, que al parecer ha sobrevivido al accidente. Rebuscando encontré un libro sobre la teoría de cuerdas con notas suyas. Parece que su exposición iba a tratar de eso. Decidí ojear el libro para olvidar mi sueño, aunque poco va a entender un compositor de física.
La teoría de cuerdas afirma la existencia de unos hilos vibratorios, llamados cuerdas, por las cuales toda la materia está compuesta. La resolución de esta teoría supondría la unión de todas las leyes físicas bajo una misma regla, algo imposible hasta la fecha. Todo lo que ocurre en el universo tendría explicación, desde la partícula más pequeña hasta la galaxia más lejana. La persona que sea capaz de resolver la teoría no solo dará con una explicación del mundo físico, sino que también daría con la sinfonía del universo. La combinación de todas las vibraciones, la banda sonora del mundo en que vivimos.
Esta última frase retumbó en mi cabeza durante un rato. Tenía que ser una locura, pero sin embargo todo encajaba. La música de mi sueño, ¿sería esa la solución del problema del que hablaba el libro?
Había pasado toda la noche leyendo. Un hombre llamó a la puerta.
-Perdón, ¿se puede?- inquirió a media voz el hombre, algo tímido.
-Sí, adelante. - No sabía quién era, pero probablemente conocía a Julia.
-Usted debe de ser Julián, me presento. Soy Carlos, el ayudante de Julia en la universidad. Venía a preguntar cómo estaba y a dejarle estas flores, pero no sabía que el estado era tan grave. Espero que se mejore.
-Gracias
-Veo que ha ojeado el libro.
-Sí, soy un curioso, ya sabe. ¿Qué me podría decir de el?
- Que está incompleto. No vienen las teorías del viaje en el continuo espacio-tiempo, pero por lo demás está muy bien. Sería mejor que me fuera, he venido tan temprano por mi horario tan poco flexible.- Y se despidió de mí dándome la mano y deseándome lo mejor.
Dos semanas más tarde, Julia murió. Ante mi gran pesar y dolor caí en depresión. Cuando muere un ser querido es como si parara el mundo, el tiempo y no importara nada. Por eso, a partir de ese día me propuse componer la melodía de mis sueños, para así, de alguna forma poder recuperarla. Pasé días, meses y años buscando libros, investigando, componiendo, pero sin resultado. Estaba dispuesto a encontrarla.
Ya habían pasado cinco años desde su muerte. Buscaba unos papeles en mi casa cuando encontré una cajita de música. Estaba rota, pero tardé poco en arreglarla. De repente, empezó a sonar la música que llevaba buscando tanto tiempo, y justo cuando iba a tirar la toalla. Me inundó una gran felicidad, tanta que empecé a cerrar los ojos y me quedé dormido.
Sonaba una dulce melodía, la misma de siempre. Mientras paseaba por la calle me estremecía ante tan hermosa obra que escuchaban mis oídos, pero la tranquilidad pronto se rompió. Un accidente de coche que hizo parar la música. No pude ver la cara del conductor accidentado, pero notaba una extraña sensación de peligro. Empecé a sentirme nervioso. Desperté sobresaltado entre sábanas, un rayo de luz que entraba por la ventana hizo que me percatara de la hora. No sé qué está ocurriendo, pero esto ya lo he vivido. Una oportunidad que me ha concedido el universo quizá. Me estoy volviendo loco, pero hoy sé que tengo un único objetivo, me da igual lo que tenga que hacer para evitarlo. Voy a salvar a Julia.

Plagio creativo

Escrito por ostippobiblioteca 10-04-2016 en Creatividad literaria. Comentarios (0)

La buscadora de la verdad
Érase una vez en un reino muy lejano un bosque en el que todos los animales vivían en paz y armonía. El búho era el más sabio de todos y siempre que alguien tenía un problema, el búho era capaz de solucionarlo. Cierto día una ardilla acudió a pedirle consejo. La ardilla admiraba al búho y se preguntaba si algún día llegaría a ser igual de inteligente que él. La ardilla le propuso ser su alumna y afirmó que no le molestaría. A pesar de que el búho le dijo que no se enteraría de nada, aceptó, pero con la condición de que no cuestionara sus actos. A partir de ese momento la ardilla seguía al búho a todas partes y observaba como daba consejos al resto de animales. Un pájaro acudió con un problema al búho.
Pájaro – “El problema que tengo es que me quiero cambiar de árbol porque las ranas del estanque no dejan de molestarme. Pero el árbol al que me quiero cambiar tiene una colmena y no me siento cómodo con las abejas.”
Búho –“Es un problema bastante delicado pero tengo una idea” – El búho se acercó y le susurró algo al pájaro.
Pájaro – “Muchas gracias” – Dijo mientras se iba.
La ardilla estaba un poco desconcertada, no se había enterado de nada. El búho le dijo a la ardilla que necesitaba su ayuda. Los dos se dirigieron al árbol donde se situaba la colmena y el búho la tiró al suelo.
Ardilla – “Señor búho, ¿por qué ha tirado la colmena?”
Búho – “Recuerda lo que me prometiste, no ibas a cuestionar mis actos.”
En ese momento la ardilla se disculpó. La colmena estaba destruida y las abejas buscaban un culpable. El búho hizo ruidos para llamar la atención a las abejas y dijo que las ranas lo habían tirado. Acto seguido las abejas desaparecieron. La ardilla volvió a preguntar al búho por qué había mentido. Este le volvió a recordar lo prometido y ella se disculpó por segunda vez.
Los dos se dirigieron al árbol del pájaro, el cual los esperaba para irse. En el momento en el que se fue, el búho tiró el nido. La ardilla volvió a preguntar, como antes. Y el búho respondió:
Búho – “Ardilla, tu no estas preparada para conocer la verdad.”
Ardilla – “Lo reconozco pero necesito saber porque ha hecho esos actos.”
Búho –“Es muy simple, las ranas del estanque molestaban al pájaro. Las abejas querían cambiar de sitio, y el árbol del pájaro era perfecto. Tiramos la colmena para que el pájaro pudiera cambiarse de árbol, engañamos a las abejas para que las ranas recibieran su merecido y tiré el nido del pájaro para que las abejas empezaran de cero en aquel árbol.”
La ardilla se retiró muy decepcionada, sabiendo que aún no estaba preparada para conocer la verdad. Alberto Pérez Luque 1º Bach B

"Habitación 4", de Alberto Pérez Luque (1º Bachillerato B), ganador del Concurso de Relatos de Terror.

Escrito por ostippobiblioteca 25-01-2016 en Concurso Relatos Terror. Comentarios (0)

Habitación 4

-Tal día como hoy nos despedimos de una persona que era muy querida por todos, una persona que nunca tenía problemas, siempre estaba feliz. Todos te echaremos de menos Rafa.

Estas son las palabras de mi tío en el funeral de mi padre. Hoy, 31 de octubre de 2005, estamos en el cementerio, todas las personas nos dan el pésame a mi tío y a mí. Mi padre, Rafael Pérez, ha muerto y no sé cómo actuar. Justo en este momento me entra un escalofrío. Al darme la vuelta la vi a ella otra vez y empecé a temblar, no podía creer lo que había sucedido.

De repente me desperté, era un sueño. Hoy es 31 de octubre de 2015. Estoy tumbado en mi cama, en mi habitación. Hoy  tengo terapia con mi médico. Dice que hoy ya estoy preparado para haga la regresión. Me vestí a toda prisa y al momento vino un enfermero para acompañarme al despacho del doctor. Entré y me senté en una silla. El doctor me observaba fijamente y empezó a hablar.

-Sabes que ya llevo mucho tiempo haciéndote terapia, pero hoy, esta sesión tiene como finalidad que de una vez por todas reconozcas lo que ocurrió ese día. Sé que tenías diez años y que no te acuerdas de nada, el cerebro ha bloqueado los recuerdos de ese día porque son muy traumáticos.

-Doctor, ya se lo he dicho muchas veces, ese día murió mi padre y fui a su funeral. No ocurrió nada fuera de lo normal.

-¿No te has preguntado nunca que haces en un psiquiátrico? o ¿Por qué fuiste a juicio? Se te declaró incapacitado mental y por eso te encuentras aquí.

-Sé que se me declaró incapacitado mental porque veía a una mujer por todas partes pero usted dijo que ya mismo estaría libre, que ya lo había superado.

-No me refiero a eso. Cuando termine la sesión me entenderás. Por favor, túmbate en el diván, cierra los ojos y déjate llevar por mi voz.

Le hice caso sin rechistar, aunque me siento intrigado. Me oculta algo que no quiere decir porque cree que no seré capaz de afrontarlo. Me tumbé en el diván y cerré los ojos.

-Relájate, déjate guiar por mi voz, en el momento en el que cuente tres te quedaras dormido. Uno..., dos...y tres... Hoy es 31 de octubre de 2005. ¿Cómo te llamas?

-Me llamo Alberto, Alberto Pérez.

-¿Y cuántos años tienes?

-Tengo nueve años.

-Es una mañana de otoño ¿Dónde estás?

-En mi cama. No puedo dormir, alguien entra en mi cuarto pero no sé quién es.

-¿Qué hace?

-Se acerca a mí. Tengo miedo, no sé qué hacer. Me susurra algo.

-¿Y qué te dice?

-Dice que tengo que matar a mi padre, si no me pasará algo horrible. No me dejará en paz nunca. Lleva buscándome mucho tiempo. Voy matar a mi padre, veo a esa mujer todos los días y no me deja vivir. Tengo que hacer lo que dice o será lo peor para todos. Me dirijo al armario del salón. Cojo la pistola y le espero en las escaleras. Mi padre está bajando. Apunto la pistola y en el momento en el que me dice “feliz cumpleaños” disparo. Me siento en el suelo destrozado, no puedo aguantar más. No puedo creer lo que acaba de suceder. ¡¡Necesito salir de aquí!!

En ese momento me desperté angustiado, el doctor me sacó del trance. Me observaba fijamente. Yo estaba paralizado, tratando asimilar lo que acababa de descubrir. ¿Yo maté a mi propio padre? En ese momento el médico empezó a hablar.

-¿Lo entiendes ya? Esto era un poco difícil de decir, pero para que termine esta sesión debes de reconocer una cosa, que mataste a tu padre. Sé que no es fácil, pero debes puesto que lo has recordado.

-No lo pienso reconocer, ha vuelto a aparecer esa mujer. Era pequeño, ella me incitó a matarlo. No estoy loco, usted mismo lo ha escuchado. ¡Que más quiere de mí! Déjeme vivir.

Justo en ese momento el médico llamó a los enfermeros que me llevaron a mi habitación mientras yo gritaba “que no estoy loco, fue culpa de ella”. Estaba en mi habitación, no sabía que pensar. Ya estoy cansado de todo esto. Le di un golpe al espejo y cogí uno de los pedazos de cristal decidido a cortarme las venas. Y en ese mismo momento escuché una voz que decía “Mata al doctor” Esa voz se metió en mi cabeza, era imposible, pero a la vez cierto. Era esa mujer, estaba reflejada en el espejo roto.

-Mata al doctor, merece morir. Recuerda nuestro pacto. Tu inmortalidad y a cambio debes hacer lo que yo te ordene.

Me sentía empujado, no podía parar. La puerta de la habitación se abrió sola. Yo empuñé el trozo de cristal y fui directo al despacho del doctor. Tiré la puerta al suelo y me lancé encima suya. Le corte el cuello, murió desangrado. Al momento aparecieron tres enfermeros alertados por el ruido. Uno murió en mis manos y los otros dos, con varias heridas me arrinconaron. Como último recurso me corté las venas con el cristal y caí al suelo. A estos hechos más adelante la prensa les puso el nombre de la masacre de la habitación 4 (Mi habitación). Pero piensa que si soy inmortal, y no estoy muerto, puedo ser cualquier persona, un conocido, un amigo, un familiar tuyo. Lo que debes tener claro si estás leyendo esto es que tú eres mi siguiente víctima.