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La sinfonía del universo, por Alberto Pérez Luque

La sinfonía del universo
Sonaba una dulce melodía, la misma de siempre. Mientras paseaba por la calle me estremecía ante tan hermosa obra que escuchaban mis oídos, pero la tranquilidad pronto se rompió. Un accidente de coche que hizo parar la música. No pude ver la cara del conductor accidentado, pero notaba una extraña sensación de peligro. Empecé a sentirme nervioso. Desperté sobresaltado entre sábanas, un rayo de luz que entraba por la ventana hizo que me percatara de la hora. Las diez de la mañana y tres llamadas perdidas de Sonia, olvidé la cita con el represéntate de la discográfica. Inmediatamente me vestí y de camino a la cafetería pensaba la excusa que le daría a Sonia. Ella estaba sentada mirándome fijamente al entrar en aquel lugar con olor a café y dulces. Lo que me tenía que contar era más grave de lo que me esperaba, había perdido el contrato con la discográfica. Necesitaba algo nuevo e innovador para que me volvieran a contratar. Sonia, además de mi compañera, es mi manager. Compongo melodías de cualquier tipo. Le he contado muchas veces el sueño que llevo teniendo durante estos últimos meses y me ha dicho que lo único que hago es perder el tiempo, dice que es imposible componer una melodía escuchada en un sueño. Quizás tiene razón, pero desde que la escuché por primera vez empecé a obsesionarme con ella, tanto que dejé de lado mi trabajo, y de ahí que me encuentre en esta situación.
- Julián, estoy cansada de tus promesas. Si nos comprometemos a hacer un buen trabajo no puedes dejarlo de lado. Sería mejor que te tomaras unos días libres y que te replantearas lo que realmente te importa. Cuando estés seguro de tu decisión avísame- y con esto Sonia se levantó enfadada y se fue.
Está cansada de dar la cara por mí y que la deje tirada, espero que se le pase. Necesito conseguir esa melodía, ya es un reto personal. Por otro lado, necesito los contratos. Tendré que decidir.
Me fui de camino a la universidad, pensativo. Hoy voy a ver a mi chica en acción. Julia exponía los avances acerca de su investigación en la facultad de física. Esta mañana se marchó muy temprano, el día anterior me comentó lo ilusionada que estaba. Seguro que la presencia de su novio la tranquilizaría, o por el contrario se pondría más nerviosa. Por ese motivo no le dije nada. Llevo con Julia cerca de un año y no me perdonaría que le ocurriese algo malo. De repente, el teléfono empezó a sonar:
- Buenas, le llamo del hospital. ¿Hablo con el señor Julián? – preguntaba la voz ronca y cansada, probablemente de una enfermera de guardia.
- Sí, ¿en qué le puedo ayudar? – contesté intrigado por lo que me pudiera decir.
- Por favor, venga al hospital rápidamente. Julia ha tenido un accidente de coche y ha caído en coma.
-¡¿cómo?! Voy inmediatamente.- Colgué el teléfono con una angustia que empezaba a crecer por momentos. ¿Cómo va a ser eso posible?
Al entrar al hospital estaba preso de un ataque de nervios, me habían dicho el número de su habitación pero estaba tan nervioso que no la podía encontrar. Me detuve un instante, respiré hondo y me centré en encontrarla, lo conseguí. Un médico observaba unos documentos cuando entre por la puerta.
- Doctor, ¿cómo se encuentra?
-Todavía es pronto para saberlo, tendrá que estar algunos días en observación para ver como evoluciona. Desde que llegó está inconsciente, aunque no tiene ninguna herida grave. Bueno, le dejo solo. Hemos avisado a su familia más cercana, pero solo usted ha podido venir. Si necesitara cualquier cosa llámeme.- El médico abandonó la sala.
Realicé las llamadas pertinentes a su familia y a la universidad informando de lo acontecido. Me senté en la incómoda silla que había junto a la cama, admirando la belleza de Julia. Pasaré el día entero aquí, me dije a la vez tratando de tranquilizarme. Mientras miraba a Julia en su cama empecé a dar cabezadas en la silla hasta que me quedé dormido. Tantas sensaciones juntas y el dolor de cabeza pudieron conmigo. Sonaba una dulce melodía, la misma de siempre. Parecía el mismo sueño, pero sin embargo algo cambiaba. En este me dirijo hacia el accidente que ya ha sucedido. Es como si algo que bloqueaba el sueño hubiera desaparecido. Al acercarme y ver que se trataba de Julia un escalofrío me recorrió el cuerpo. Desperté. Estaba anocheciendo. Dando vueltas en la habitación encontré su bolso, que al parecer ha sobrevivido al accidente. Rebuscando encontré un libro sobre la teoría de cuerdas con notas suyas. Parece que su exposición iba a tratar de eso. Decidí ojear el libro para olvidar mi sueño, aunque poco va a entender un compositor de física.
La teoría de cuerdas afirma la existencia de unos hilos vibratorios, llamados cuerdas, por las cuales toda la materia está compuesta. La resolución de esta teoría supondría la unión de todas las leyes físicas bajo una misma regla, algo imposible hasta la fecha. Todo lo que ocurre en el universo tendría explicación, desde la partícula más pequeña hasta la galaxia más lejana. La persona que sea capaz de resolver la teoría no solo dará con una explicación del mundo físico, sino que también daría con la sinfonía del universo. La combinación de todas las vibraciones, la banda sonora del mundo en que vivimos.
Esta última frase retumbó en mi cabeza durante un rato. Tenía que ser una locura, pero sin embargo todo encajaba. La música de mi sueño, ¿sería esa la solución del problema del que hablaba el libro?
Había pasado toda la noche leyendo. Un hombre llamó a la puerta.
-Perdón, ¿se puede?- inquirió a media voz el hombre, algo tímido.
-Sí, adelante. - No sabía quién era, pero probablemente conocía a Julia.
-Usted debe de ser Julián, me presento. Soy Carlos, el ayudante de Julia en la universidad. Venía a preguntar cómo estaba y a dejarle estas flores, pero no sabía que el estado era tan grave. Espero que se mejore.
-Gracias
-Veo que ha ojeado el libro.
-Sí, soy un curioso, ya sabe. ¿Qué me podría decir de el?
- Que está incompleto. No vienen las teorías del viaje en el continuo espacio-tiempo, pero por lo demás está muy bien. Sería mejor que me fuera, he venido tan temprano por mi horario tan poco flexible.- Y se despidió de mí dándome la mano y deseándome lo mejor.
Dos semanas más tarde, Julia murió. Ante mi gran pesar y dolor caí en depresión. Cuando muere un ser querido es como si parara el mundo, el tiempo y no importara nada. Por eso, a partir de ese día me propuse componer la melodía de mis sueños, para así, de alguna forma poder recuperarla. Pasé días, meses y años buscando libros, investigando, componiendo, pero sin resultado. Estaba dispuesto a encontrarla.
Ya habían pasado cinco años desde su muerte. Buscaba unos papeles en mi casa cuando encontré una cajita de música. Estaba rota, pero tardé poco en arreglarla. De repente, empezó a sonar la música que llevaba buscando tanto tiempo, y justo cuando iba a tirar la toalla. Me inundó una gran felicidad, tanta que empecé a cerrar los ojos y me quedé dormido.
Sonaba una dulce melodía, la misma de siempre. Mientras paseaba por la calle me estremecía ante tan hermosa obra que escuchaban mis oídos, pero la tranquilidad pronto se rompió. Un accidente de coche que hizo parar la música. No pude ver la cara del conductor accidentado, pero notaba una extraña sensación de peligro. Empecé a sentirme nervioso. Desperté sobresaltado entre sábanas, un rayo de luz que entraba por la ventana hizo que me percatara de la hora. No sé qué está ocurriendo, pero esto ya lo he vivido. Una oportunidad que me ha concedido el universo quizá. Me estoy volviendo loco, pero hoy sé que tengo un único objetivo, me da igual lo que tenga que hacer para evitarlo. Voy a salvar a Julia.

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